Todos náufragos

20376gDe todas las guerras en las que Ramón Lobo ha estado solo hay una de la que nunca pudo regresar: la que mantuvo con su padre durante 60 años, la única capaz de sobrevivir a la muerte de uno de los contendientes durante al menos la mitad de ese tiempo, porque Ramón Lobo padre murió en 1983, justo cuando “la transición había comenzado”. La personal. De la política ya hablaremos.

Todos náufragos, último libro de Ramón Lobo Leyder (1955), es en parte una autobiografía y es, por otra, la biografía de la España del siglo XX: un país que despertó de la crisis explosiva de finales del XIX alumbrando una generación llamada a cambiar las cosas pero que acabó muerta o silenciada por 40 años de una dictadura que lo infectó todo sin que aún se haya hecho el trabajo necesario para la reconciliación. El drama de España es el drama de la familia Lobo, que encarna como un crisol cien años de un país que en su viaje de la dictadura a la democracia dejó “olvidado un remolque cargado con las maletas de los pasajeros”.

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Sobrevivir en los bajos fondos de La Habana

Yunisleidy-Reinaldo-conseguir-trabajar-FotogramaFilmax_CYMIMA20151009_0024_13“El pobre en un país pobre solo puede esperar a que el tiempo pase y le llegue su hora”, le dice el enterrador a Reinaldo. Y ya está. Una sola frase que contiene los 120 minutos que dura El rey de La Habana (2015) y que toma prestada de la novela de Pedro Juan Gutiérrez en que se basa el film de Agustí Villaronga que le ha valido la Concha de Plata a la actriz cubana Yordanka Ariosa en el Festival de Cine Internacional de San Sebastián.

El rey de La Habana es Reinaldo (Maykol David Tortolo), un adolescente marcado por un fatalismo que se abalanza contra el espectador en los dos primeros minutos del metraje. Su madre se agarra a un cable para evitar caer durante una discusión con sus hijos y muere electrocutada, su hermano se arroja al vacío desde la azotea y su abuela muere en silencio de un paro cardíaco. Rei es considerado culpable y enviado a un correccional de menores del que se escapa años después, cuando comienza su lucha por la supervivencia. No tiene carné, dice no saber leer y nunca ha trabajado, pero se asegura la vida gracias a las mujeres que deciden ayudarle seducidas por el descomunal tamaño de su miembro. Entre ellas, Magda (Yordanka Ariosa), la vecina que llenaba sus sueños eróticos en la infancia.

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‘Matrioskas’ del exilio

Calle Arbat, en Moscú. (Flickr)

Calle Arbat, en Moscú. (Flickr)

Moscú 1989. Mario, un periodista cubano que trabaja en el departamento de prensa del secretariado de la Organización para la Colaboración Económica Internacional (OCEI) para la representación de la Isla en la capital soviética, asiste junto a su familia al estreno teatral de El maestro y Margarita, cuyo personaje femenino principal interpreta Dolores, su amante. Con ella ha repasado el texto durante meses, jugando a confundir la realidad y la ficción en su representación de los papeles principales de la novela. La sátira de la literatura rusa de Bulgákov, censurada en la URSS hasta 1973, bebe sin pudor del Fausto de Goethe para hablar del bien y del mal y de la decadencia de la sociedad rusa tanto como Callejones de Arbat, del cubano-sueco Antonio Álvarez Gil, instrumentaliza El Maestro y Margarita para recordar los estragos de las dictaduras sobre los creadores y su obra.

Callejones de Arbat (Verbum, 2016) funciona como las matrioskas rusas. Esconde historias de totalitarismos, de falta de libertad y censura, de amor, de literatura y de exilio, unas dentro de otras. La historia de Mario contiene la de Santiago, el padre de Dolores, un niño de la guerra civil española que dejó su tierra huyendo de un fascismo para ir a vivir otro; y la de Santiago, a su vez, la de las purgas estalinistas de los creadores de la Edad de Plata rusa.

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