‘Via crucis’ laico por el centro de Valencia contra la visita del Papa

Medio millar de personas recorrió ayer por la tarde el centro de Valencia para mostrar su oposición a la visita del Papa en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Madrid desde el pasado martes hasta el próximo domingo. Benedicto XVI tiene previsto llegar hoy al aeropuerto de Barajas.

El Movimiento 15-M fue el motor principal de una performance, como insistieron en llamarla los organizadores, consistente en un vía crucis en el que se caricaturizaron pasajes de los evangelios que iban desde la mujer adúltera hasta el buen samaritano, siempre relacionándolos con la banca, el gobierno o la policía.

“Esto es una cosa seria. Pretendemos hacer una caricatura pero sin ridiculizar ni reírnos de nadie”, arengaba uno de los organizadores del Via Crucis Indignado participativo. Lo cierto es que los participantes se mostraron críticos en todo momento contra lo que consideran un “derroche” invertido en la visita a de Benedicto XVI y no contra la religión ni los católicos. Uno de los participantes, un madrileño desplazado a Valencia por motivos de trabajo, decía estar “avergonzado por el despliegue” que ha hecho la capital con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.

La marcha partió de la plaza del Ayuntamiento a las 19:30, coincidiendo con la organizada en Madrid por colectivos ateos y cristianos de base. Allí mismo empezó la escenificación de los primeros pasajes bíblicos, donde un hombre, caracterizado como Jesús era desahuciado de su casa por los bancos. Los participantes utilizaron frases reales de la Biblia en las que se rechaza el dinero y se exalta la pobreza como virtud promovida por Cristo.

La proximidad a varios bancos, situados en la calle Barcas, sirvió para continuar el recorrido sin dejar de aludir al capital como causa de los males de la sociedad; capital con el que identifican al Papa al que muchos insistieron en “enviar” a Somalia. En este punto, una mujer que pasaba por la calle increpó a los participantes llamándoles sinvergüenzas mientras algunos de ellos pedían respeto. Este episodio se repitió minutos más tarde, a pocos metros del Parterre, cuando una mujer que esperaba el autobús se acercó a pedir “respeto al Papa” mientras una joven, vestida con túnica, justificaba la protesta explicando que, ante la situación de crisis que vive el país, muchos no consideran que se deba invertir dinero público en la visita de Benedicto XVI.

La marcha transcurrió sin incidentes, incluso cuando, espontáneamente, un grupo convenció al resto de cambiar el lugar de representación de la última performance, que estaba previsto que se realizara frente a la Delegación del Gobierno, junto al metro de Colón, por la plaza de la Virgen, en que se encuentra la sede del Arzobispado de Valencia. Fue a la altura de la catedral cuando la marcha se cruzó con un grupo de católicos con quienes mantuvieron una pequeña refriega verbal. Los creyentes permanecieron agrupados durante unos minutos en la vecina plaza de la Reina coreando “esta es la juventud del Papa” mientras los laicos se sentaron delante de la catedral a representar la escena en que Jesús expulsa a los mercaderes del templo.

A la marcha acudió gente de todas las edades a pesar de que estaba principalmente organizada por integrantes del 15-M, que ayer vivió una intensa jornada ya que dedicaron la mañana a presentar, junto a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) las alegaciones a las multas impuestas a raíz de las movilizaciones llevadas a cabo por ambos colectivos en los últimos meses.

En concreto, ayer se presentaron las derivadas de la actuación protagonizada por ambos colectivos frente a dependencias del BBVA en Sagunto, donde acudieron para presentar una documentación para tratar de evitar el desahucio, aún no ejecutado, de tres familias.

Representantes de la comisión de jurídica del 15-M explicaron que los sancionados no fueron identificados durante la actuación frente al banco y que, incluso uno de ellos, estaba trabajando, como así lo acredita un justificante que posee. Los indignados se quejan de persecución política.

El País