A los dictadores hay que conocerlos, no reconocerlos

Los restos de Francisco Franco saldrán previsiblemente este mes de julio de su lugar de honor para proceder a un entierro en una tumba privada. (CC)

Mi teoría conspiranoica favorita de las que rodean a Hitler es aquella que afirma que huyó a una base lunar nazi. La posibilidad de que el genocida siguiera vivo después de 1945 ha despertado las más disparatadas fantasías frente a una realidad bastante más prosaica. El fürher se quitó la vida en su búnker para evitar ser capturado por las tropas aliadas, ya a las puertas de Berlín. Sus restos fueron quemados por su guardia pretoriana y el edificio fue primero olvidado y finalmente derrumbado en varias fases. A 200 metros, un memorial rinde tributo a sus víctimas, pero allá donde estuvo un día el führerbunker hoy solo queda un práctico parking subterráneo. El Gobierno alemán no quiso que hubiera un lugar de peregrinación y exaltación del nazismo y su líder.

En España, en cambio, sí existe ese lugar. Una cruz de 150 metros de altura corona la sierra de Guadarrama, última frontera natural entre Madrid y Castilla y León. La Autovía del Noroeste hunde sus entrañas en esta cordillera que acoge Cuelgamuros, rebautizado como Valle de los Caídos por su, hasta la fecha, más famoso inquilino: el dictador Francisco Franco.

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